Hasta hoy, poderosas
organizaciones petroleras han operado en Colombia sin ningún tipo de
supervisión por parte de entes gubernamentales, lo cual da paso a una
serie de irregularidades que genera consecuencias
irreparables para los habitantes aledaños a los yacimientos y que a su vez conforman las
comunidades indígenas. Dichas secuelas van desde la violación a los derechos humanos
hasta acechos políticos a líderes que
velan por el respeto y la seguridad del
territorio.
Los
países que conforman la región suramericana, en la actualidad resultan centros
de atracción para las grandes multinacionales petroleras, debido a las
características geográficas y comerciales que los caracteriza. Precisamente,
Colombia es un prototipo de
país que
gracias a su ubicación, muchos
sectores económicos internacionales, toman el riesgo de probar y experimentar
en el mercado colombiano.
Así
mismo, las grandes comercializadoras han
aprovechado las ventajas que traen consigo las políticas adoptadas por
anteriores gobernantes, basadas en formulas neoliberales que buscan implantar
en el país el fenómeno de la globalización y por ende lograr el objetivo de
internacionalizar la economía; de esta manera
dichas políticas sirvieron como fundamento para la incursión de
transnacionales en muchos de los
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departamentos que conforman la geografía colombiana.
En
la actualidad, existen empresas que operan en Colombia respaldadas por el estado español, país que ocupa el
segundo lugar como inversionista en el
país suramericano después de Estados Unidos. Así, España goza de tener empresas
en los diferentes sectores económicos
como Fenosa o Endesa
dedicada a la industria de la
electricidad; aguas: AGBAR; en el sector de las telecomunicaciones, TELEFONICA, y , BBVA
y BANCO SANTANDER en el sector de las finanzas.
Hace
parte también de este grupo de empresas, la petrolera Repsol YPF, que a pesar de su fortalecido músculo financiero, se han visto
envuelta en escándalos controversiales por violar
los derechos humanos en Colombia.
La mayor parte de sus ganancias son obtenidas
un 80% de América Latina; específicamente Colombia figura como uno de
sus principales socios y puntualmente en
Arauca ejercen sus actividades
operativas.
Esta
región ocupa el segundo lugar de la producción
del petróleo en Colombia, gracias a su
relativa cercanía geográfica con los potentes yacimientos del golfo de
Maracaibo en Venezuela; además de su configuración geológica, que lo convierten
en un lugar con alto grado de probabilidad para la aparición de yacimientos de
hidrocarburo, en un país que en un principio fue creciendo económicamente en
las cordilleras andinas y en la costa del Caribe. Por ello, desde los años
sesenta se fueron desarrollando actividades exploratorias en la región, las
cuales se intensificaron en la década siguiente y, finalmente, reflejaron como resultado el
yacimiento del campo Caño Limón en el norte del departamento a principios de
los ochenta, el cual proveído el 10% de
las extracciones de Colombia durante los últimos 20 años.
Sin
embargo las constantes exploraciones produjeron el agotamiento de los recursos, lo cual llevo a Repsol ha expandirse a lo largo y ancho del departamento
a través de alianzas con otras petroleras, con las cuales se han creado
contratos de ganancias porcentuales.
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